Ene 20

La sorpresa más grande al escribir una novela te la da el tema. Uno lo elige casi inconscientemente, tiene una historia que le llama, más que otras, quizás es el tema que late en su interior. A medida que perfila la historia lo identifica, empieza a verlo cuando ha de tomar decisiones de hacia dónde va la novela, qué quiere contar. No es una decisión cerebral sino que empieza a surgir del interior. De repente descubres que quieres poner a prueba uno de tus temas recurrentes.

Y a medida que avanzas te das cuenta de que cada personaje tiene una visión diferente, coherente con su forma de ser, y que tú, como escritora, has observado esa variedad en la vida real, tienes un conflicto. Las decisiones o pensamientos de tus personajes son una continua sorpresa, pero son lógicos, y los confrontas. En Inspector Pool estoy aprendiendo que no siempre hay una mejor, todas pueden ser buenas o malas según cómo las utilices. En realidad, las directrices internas que mueven nuestra vida pueden empujarnos a crecer o frenarnos. Compararlas  es una excelente manera de valorar si las propias te son buenas o te están impidiendo conseguir lo que de verdad deseas.

Pero qué placer descubrir tantas cosas de la vida escribiendo.

Ene 08

Es realmente difícil. Cuando varios personajes conviven en una escena… ¿qué punto de vista se muestra? Voy adivinando a fuerza de escribir que va cambiando en función de lo que le interesa destacar al escritor. Por ejemplo, en una escena entre cuatro personajes en una clase:

1. Si lo que se narra es el discurrir de la clase, el punto de vista es el del escritor, que narra lo que ve.

2. Si uno de los personajes dice o hace algo que el escritor considera importante, le da por un rato el punto de vista, para que actúe, reflexione, observe su reacción en los demás e interactúe.

Por ejemplo, en mi capítulo 11, el final de la clase es visto por el narrador:

“Hoy es día de aperitivo, con este tiempo resplandeciente, les anima Sebastián, que empieza a encontrar dificultades en recordar a las chicas la invitación. Y es verdad que hay cierta lasitud en el ambiente, propia de los climas templados: nadie recoge con prisas. Bet recibe una llamada, mira la pantalla, sale directa a la calle y se ahonda en el vano del portón de la rectoría, a salvo de las cagadas de paloma. Es Narcís, meloso:
– Princesa, ¿cómo ha ido en clase?
– Bien –le informa Bet.

(Ahora le traspaso a Bet el punto de vista, porque no es una llamada cualquiera, es una llamada que tiene que acaparar toda la atención del lector, y lo que describo es esta conversación y el campo de visión de Bet)

Mariano sale a la calle con su cazadora ligera a medio poner y mira la esquina. Se acaba de colocar la manga y se va a paso rápido.
– Venga, trabaja duro, que tenemos que tener tu película. Ya sabes que en cuanto la acabes, hago un par de llamadas… –continúa Narcís al teléfono.

– Sí, Narcís, sé cómo te preocupas por mí –le contesta Bet, aunque si Narcís pudiera verle la cara… Pero probablemente habrá captado el tono de la frase.”

¿Y qué pasa entonces con estas intrusiones del autor? ¿Son un juego, sobran, literatura experimental o escasa autocrítica?

En alguna parte leí y me impresionó que lo que nunca se tiene que hacer es romper el hilo que se crea con el lector, porque todo es una gran mentira y una frase como esta puede recordarle de golpe que lo que está leyendo no está ocurriendo en realidad.

Sin embargo, jugar con el lector, utilizar la ironía, probar y aprender como escritor ¡exige atreverse con puntos de vista e incursiones cuando notas un cosquilleo en tu interior!

Ene 04

Tonino Benacquista es uno de los escritores que más me han impactado últimamente: su forma de tratar los temas, de relacionar a los personajes, su ingenio, sus experimentos en sus novelas, que a veces salen bien y a veces no pero te hacen reflexionar y aprender con él (¿Cómo abres una investigación detectivesca en Otro de un matrimonio y luego no cierras esa historia? ¡Se me ha quedado encallada desde entonces!).

He de decir que Saga, para mí, es una de las mejores novelas que se han escrito nunca, e Inspector Pool, tal vez tiene que ver con ella (aunque tiene más que ver con una experiencia real vivida por mí, algún día lo explicaré). Y por ello este escritor tiene su pequeño homenaje entre mis páginas.

El descubrimiento de este escritor se lo debo a mi amigo Jacques Michalczak.

Ene 01

En la fase de escritura, la narrativa, en el encuentro entre Rafaela y Manuel trabajé más la escena y los personajes que el diálogo, en el que tenían que preguntarse con mucho comedimiento lo que les había roído todo el tiempo que habían vivido separados. Me gustó llevarlos a la montaña de Vilassar, en Impala, por la noche, y Manuel, que empieza aquí su aparición, empezó a dibujárseme más claro, con su tendencia a lo ligero y su esteticismo. El diálogo marca lo que tienen que decirse, y empieza así:

“– ¿Por qué hemos tardado tanto años en hacer esto? –rompe el hielo Rafaela, asumiendo que ahora le toca a ella la inciativa.
Manuel le sonríe, sin respuestas.
– ¿Y qué más da, hermanita? Ahora estás aquí, que es lo importante.
– ¡No! Yo tengo muchas preguntas. No quiero mirar sólo adelante. Quiero saber.
– Buf, no pides nada.
– Tengo tantos por qués, ¿por cuál empiezo?
– ¿Por qué me fui, por ejemplo? –le sugiere Manuel.
– Te fuiste porque te tenías que ir, mira qué listo. Pero ¿por qué entraste en el bosque?
– Ja, ja, ja. ¡Esa es la pregunta que te reconcome! O sea que aún no entraste…, pues tendrás que hacerlo, hermanita.
– ¡Ni beoda! ¡Para convertirme en mamaraca!
– ¡Uy, hermanita! No has salido mucho de la zona…
– ¡Cómo iba a salir, si he tenido que hacer lo que tú dejaste!
– ¡Ya salió la puñalada! –se le amarga a Manuel su tono–. Estaba esperando cuánto tardaba.”

En la reescritura, me doy todo el tiempo del mundo para vivir esa escena, los dos solos en un bosque, hace un frío húmedo, se oyen sonidos, se lucha contra el miedo… El diálogo es una más de las acciones que están haciendo en ese momento: además sienten, observan, oyen, comen, se cansan… y cada uno ha de conversar y reaccionar en función de su personalidad. Rafaela, como eneagrama 6, tiene que reaccionar con miedo a la ira, pero lleva mucho tiempo acumulando recriminaciones, está muy presionada por la vida y acaba de descubrir, contra su parecer, que quizá sí tiene sentido hablar. Manuel lleva toda su vida escondiendo el ala en placeres e instrascendencias, en tomarlo todo a la ligera, pero ha sido el protector de su hermana durante toda la infancia. El diálogo tiene que ser, pues, consecuente, y servir para conocerlos mejor. Y ha de ser veraz. Y así es como queda tras la reescritura la primera parte:

“– ¿Por qué tardamos tanto en hacer esto? –rompe el hielo Rafaela, casi contra sí misma. Manuel le sonríe, sin respuestas, mientras le sirve más té en la taza que tiene entre ambas manos, bien sujeta, para protegerse con su calor.
– ¿Y qué más da, hermanita? Ahora estás aquí, que es lo importante.
– Siempre ahora, sigue adelante…, ¡no!, esta vez no, Manuel, quiero saber –exclama Rafaela, sorprendida tanto como Manuel de su vehemencia.
– Buf, no pides nada –trata de bromear Manuel.
– Tengo tantos por qués… ¿por cuál empiezo?
Liberarlo con palabras, ha dicho esta mañana Sebastián, y yo que ahora lo siento, se dice Rafaela, abierta a sí misma como nunca, averiguar, hablar, desenredar ese nudo de piedra, confiar, mientras acerca la taza a sus labios y se apropia a sorbitos de su tibieza.
– ¿Por qué me fui, por ejemplo? –sugiere Manuel, antes de llevarse a la boca uno de los últimos canapés.
– Te fuiste porque te tenías que ir, mira qué listo. Pero… ¿por qué entraste en el bosque?
– Ja, ja, ja. ¡Esa es la pregunta que te reconcome! O sea que aún no lo hiciste…, pues tendrás que atreverte, hermanita –Manuel golpea amigablemente su espalda mientras se gira levemente hacia atrás, atraído por un leve crujido.
– ¡Ni beoda! ¡Para convertirme en mamaraca! –a Rafaela le empieza a parpadear un ojo. Incómoda, se acerca un poco más a la luz.
– ¡Uy, hermanita! No has salido mucho de la zona…
– ¡Cómo iba a salir, si he tenido que hacer lo que tú dejaste! –el rencor que exhala Rafaela los asusta por un momento a ambos, que se miden con la mirada, tratando de averiguar quién es el otro, hasta dónde es capaz de llegar.
– ¡Ya salió la puñalada! –se le amarga a Manuel su tono–. Estaba esperándola.”

En total, 8 horas para rehacer este diálogo.

Dic 28

A veces una escena atrae a un elemento que sin intención previa se convierte en el protagonista, iniciando un juego inesperado que exige cerrarse a sí mismo.

Es el caso, por ejemplo, de “las palabras” en el capítulo 10:

“– ¿Como la vida?, en la vida las cosas se explican –le contradice Sebastián.
– ¿Estás reseguro, Sebastián? ¿Cuántas cosas explicas tú, en tu vida?
Sebastián enmudece de golpe. Glups, precisamente ahora, que no puede hablar. Bet levanta la cabeza y se lo queda mirando, como Rafaela.
– Idiota el que explica –Iván contesta por Sebastián–, para que le pillen por los huevos. En la vida hay que ser listo –acompaña su opinión golpeteando con dos dedos su frente.
– Pero las palabras atraen, enamoran –las defiende Sebastián, atreviéndose a mirar a Bet directamente–. El amor está hecho de palabras, ciertas o no.
(…)

Bet se sobresalta. Sebastián cree que ha calado en ella y continúa:
– Explicar es confiar, preguntar es interesarse. Lo mejor llega cuando se abre un corazón cerrado, liberarlo con palabras… ahhh, salen sentimientos desconocidos, intensos.
– O una buena hostia, porque por algo lo tenía cerrado –le rompe el discurso Carlos, burlón.
– No sirven apenas para nada –interviene Rafaela, con cierto deje amargo¬–. Las cosas pasan y ya está. No puedes cambiarlas con palabras.

Y Sebastián se da cuenta en seguida de que tiene razón, de que las palabras no son más que una forma de vivir la vida sin mostrarse, de pasar las horas y de relacionarse sin grandes exigencias. Pero lo que uno verdaderamente quiere se comunica con química, con mensajes ocultos. Las palabras son seducción, son arena en el desierto, mentiras, diversiones, dardos, lindezas, pero nunca la verdad.”
Que cierran después la escena de Sebastián con una conclusión estratégica:

“¡Dios mío, qué pasaría si estuviera totalmente equivocado! Por mucho entusiasmo que le ponga, no puede olvidarse del ridículo. Sólo tengo palabras para atraparla, se dice a sí mismo Sebastián, palabras ambiguas, que no me expongan.”

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O de la escena de la manifestación contra el balneario de Jafre, ya de noche, en la que surgen las luces de un tractor que acabará incluso dándole título:

Primeras luces bajas de batería (Cap. 10)

“El líder señala al tractor ya preparado para partir, que ilumina con sus focos torcidos el campo vecino. Los niños abandonan la esperpéntica ronda y suben al vehículo. Luces a pares surgen en la oscuridad. (…) Un periodista los ilumina con su flash. (…) – No soy sólo yo –replica Pere señalando a los demás y a las parejas de luces que barrenan la oscuridad circundante–. (…) Queremos vender esos bosques, tenemos hijos y nietos –y a su gesto con las manos los ojos de luces encienden motores. Tres tractores se acercan al pueblo. (…) El mal camino apenas alumbrado por la batería de un tractor se traga a un gentío que aprovecha el encuentro para ponerse al día de sus cosas.”

Dic 28

Uno de los símbolos de Bet es la chimenea: es lo que ansía, lo que necesita, le atrae poderosamente.

“¿Y qué es la chimenea sino el medio más cómodo para librarse del humo? Pero tradicional y simbólicamente, la chimenea era el camino hacia el cielo, y el agujero del techo representaba la Puerta del Cielo, la Puerta del Sol, a través de la cual el espíritu del hombre podía trasladarse de un mundo a otro, y por la cual el espíritu de los cielos descendía a la tierra. Santa Claus bajando por la chimenea simboliza, entonces, los regalos que vienen directamente del cielo, en vez de llegar por la puerta terrenal.”

http://ninosdelsol.ning.com/forum/topics/los-simbolos-y-el-arquetipo

Dic 28

Las personas no distinguimos lo que sucede de cómo lo vemos, por ello he elegido para la novela un estilo propio que funde descripciones, pensamientos y diálogos en los párrafos sin distinciones ajenas a nuestro pensamiento como comillas o guiones:

“¿Y Octàvia, cómo está?, piensa en ella de pronto, en un intento por olvidarse del partido bajo la cálida agua de la ducha. Cómo le ha ganado Sebastián, si parecía estar en la luna. Mal, no lo entiendo, le confiesa Sebastián mientras se visten, ya hemos pasado por esto alguna vez, y ella o no ha visto nada o no ha querido verlo, pero ahora está, no sé, difícil, hace cosas raras, sabe algo, desde luego, pero no sé qué. Debe de estar acojonada, Sebastián, se compadece Jacinto, ya no tiene físico ni empuje para rehacer su vida.”

Como reconozco que en las conversaciones se hace difícil distinguir de quién son las frases, establezco una convención: todo lo que dice un personaje hasta que es interrumpido por el otro o por una descripción, va entre comas. El punto y seguido cambia de personaje. Así es más fácil.

En este párrafo, además, he descubierto una técnica que me ha divertido y que voy a utilizar más, incluso en mis contenidos digitales: alternar autodiálogo con diálogo y acción. Lo que piensa uno realizando una acción es luego contestado por el otro entremedio de otra acción, y así se describe la escena y el diálogo. Muy interesante. Y más teniendo en cuenta que es el final de una partida de golf en que Sebastián y Jacinto dialogan sobre un asunto clave sin perder por ello sus ansias de ganar. ¿Normal entre hombres, no?

Feb 26

Esta es la preciosa visión sobre el tema de Ivan Klíma en “Amor y basura”:

“Mi padre me habló también del sufrimiento de los hombres, que desde tiempos inmemoriales estaban pegados al suelo, al que no podían ni sabían cómo abandonar. De manera que al menos soñaban que conseguían liberarse, y así fue como inventaron el jardín del Edén, en el que había todo lo que anhelaban y que no podían alcanzar en la vida, e imaginaron unas criaturas a su imagen y semejanza, aunque dotadas de alas. (…) Los ángeles no existen, pero la gente puede volar. El paraíso, donde se suponía que habitaban las almas de los hombres, no existía, pero algún día yo entendería que lo importante era que el hombre fuese feliz y que su vida fuese de provecho aquí, en la tierra.”

Feb 26

El tema de la novela es el conflicto individual e intransferible que cada uno de nosotros hemos de llevarnos a la tumba: ¿hasta qué punto hago “lo que tengo que hacer”? ¿quién dice “lo que tengo que hacer”? ¿a quién dejo que me lo diga y a quién no? ¿contra quién me reboto? ¿qué conservo para mí, intocable, a medida que crezco, y qué he cedido?

¿Dónde están mis sueños? ¿por qué los dejamos por el camino? ¿por qué nos creemos muchas cosas que no queremos creernos? ¿por qué nos cuesta tanto hacer lo que íntimamente deseamos? ¿por qué en cierto momento no deseamos nada importante para nosotros?

¿Por qué cuando eres joven apenas pagas un precio por las cosas? ¿por qué a medida que creces aumenta el precio? ¿por qué dejamos de hacer algo que deseamos intensamente por miedo a perder otras? ¿qué es lo que hace decidirnos inclinarnos por una de estas opciones: lo que quiero vs lo que debo? ¿por qué es tan difícil conciliar estos dos imperativos?

Feb 22

Neus debe su nombre a La dulce Neus, que no sé quién es y por qué me suena pero eso es lo que quería reflejar en este personaje: su fidelidad, su saber ver a Iván por encima de sus tonterías y malencaramientos. Neus a veces parece simple, ciega, pero todo lo contrario, sabe más que muchos de nosotros.