Oigo que es un error escribir un diálogo desnudo, sin apenas acotaciones sobre los gestos o actos de los personajes, esos comentarios tipo “mientras se rascaba la rodilla”, “mirándole con ojos tiernos”, etc. También he leído que tras el guión hay que limitarse a poner “dice” y no darle más vueltas, simplificar aquí para cargar en los comentarios o los mismos diálogos.
La verdad es que cuando empiezas te topas con muchas normas. Cada persona con mucha experiencia acaba sentando voluntaria o involuntariamente una norma en función de lo que ha descubierto que funciona o no funciona. Lo bueno para el novel es que cada uno crea las suyas y así tienes donde elegir y relativizar. Y claro, el siguiente paso es experimentar.
Una de mis obsesiones al escribir esta novela es la de encontrar el verbo preciso que exprese lo que hace un personaje cuando habla. Es decir: en la vida real jamás hablamos. Lo que hacemos es desahogarnos, bromear, explicar, preguntar, confesar, confundir, gritar, avasallar, mentir… El habla inocua e inocente no existe. Así que ningún personaje puede “decir” nada. ¡Hace muchísimo más! Hasta tal punto me ha parecido importante que he creado un blog para recoger la búsqueda de esa precisión: www.palabreajes.wordpress.com
Una de mis dudas es ahora: ¿hasta qué punto hay que narrar los diálogos? Como lectora, suelo pasar de las acotaciones, me aburren por manidas, por su poco valor, en general. Otra cosa es que el diálogo se inserte dentro de una narración. Tengo que lanzarme a bucear entre libros para sacar mis propias conclusiones.