Círculos que surgen y buscan cerrarse Homenajes en una novela
Ene 01

En la fase de escritura, la narrativa, en el encuentro entre Rafaela y Manuel trabajé más la escena y los personajes que el diálogo, en el que tenían que preguntarse con mucho comedimiento lo que les había roído todo el tiempo que habían vivido separados. Me gustó llevarlos a la montaña de Vilassar, en Impala, por la noche, y Manuel, que empieza aquí su aparición, empezó a dibujárseme más claro, con su tendencia a lo ligero y su esteticismo. El diálogo marca lo que tienen que decirse, y empieza así:

“– ¿Por qué hemos tardado tanto años en hacer esto? –rompe el hielo Rafaela, asumiendo que ahora le toca a ella la inciativa.
Manuel le sonríe, sin respuestas.
– ¿Y qué más da, hermanita? Ahora estás aquí, que es lo importante.
– ¡No! Yo tengo muchas preguntas. No quiero mirar sólo adelante. Quiero saber.
– Buf, no pides nada.
– Tengo tantos por qués, ¿por cuál empiezo?
– ¿Por qué me fui, por ejemplo? –le sugiere Manuel.
– Te fuiste porque te tenías que ir, mira qué listo. Pero ¿por qué entraste en el bosque?
– Ja, ja, ja. ¡Esa es la pregunta que te reconcome! O sea que aún no entraste…, pues tendrás que hacerlo, hermanita.
– ¡Ni beoda! ¡Para convertirme en mamaraca!
– ¡Uy, hermanita! No has salido mucho de la zona…
– ¡Cómo iba a salir, si he tenido que hacer lo que tú dejaste!
– ¡Ya salió la puñalada! –se le amarga a Manuel su tono–. Estaba esperando cuánto tardaba.”

En la reescritura, me doy todo el tiempo del mundo para vivir esa escena, los dos solos en un bosque, hace un frío húmedo, se oyen sonidos, se lucha contra el miedo… El diálogo es una más de las acciones que están haciendo en ese momento: además sienten, observan, oyen, comen, se cansan… y cada uno ha de conversar y reaccionar en función de su personalidad. Rafaela, como eneagrama 6, tiene que reaccionar con miedo a la ira, pero lleva mucho tiempo acumulando recriminaciones, está muy presionada por la vida y acaba de descubrir, contra su parecer, que quizá sí tiene sentido hablar. Manuel lleva toda su vida escondiendo el ala en placeres e instrascendencias, en tomarlo todo a la ligera, pero ha sido el protector de su hermana durante toda la infancia. El diálogo tiene que ser, pues, consecuente, y servir para conocerlos mejor. Y ha de ser veraz. Y así es como queda tras la reescritura la primera parte:

“– ¿Por qué tardamos tanto en hacer esto? –rompe el hielo Rafaela, casi contra sí misma. Manuel le sonríe, sin respuestas, mientras le sirve más té en la taza que tiene entre ambas manos, bien sujeta, para protegerse con su calor.
– ¿Y qué más da, hermanita? Ahora estás aquí, que es lo importante.
– Siempre ahora, sigue adelante…, ¡no!, esta vez no, Manuel, quiero saber –exclama Rafaela, sorprendida tanto como Manuel de su vehemencia.
– Buf, no pides nada –trata de bromear Manuel.
– Tengo tantos por qués… ¿por cuál empiezo?
Liberarlo con palabras, ha dicho esta mañana Sebastián, y yo que ahora lo siento, se dice Rafaela, abierta a sí misma como nunca, averiguar, hablar, desenredar ese nudo de piedra, confiar, mientras acerca la taza a sus labios y se apropia a sorbitos de su tibieza.
– ¿Por qué me fui, por ejemplo? –sugiere Manuel, antes de llevarse a la boca uno de los últimos canapés.
– Te fuiste porque te tenías que ir, mira qué listo. Pero… ¿por qué entraste en el bosque?
– Ja, ja, ja. ¡Esa es la pregunta que te reconcome! O sea que aún no lo hiciste…, pues tendrás que atreverte, hermanita –Manuel golpea amigablemente su espalda mientras se gira levemente hacia atrás, atraído por un leve crujido.
– ¡Ni beoda! ¡Para convertirme en mamaraca! –a Rafaela le empieza a parpadear un ojo. Incómoda, se acerca un poco más a la luz.
– ¡Uy, hermanita! No has salido mucho de la zona…
– ¡Cómo iba a salir, si he tenido que hacer lo que tú dejaste! –el rencor que exhala Rafaela los asusta por un momento a ambos, que se miden con la mirada, tratando de averiguar quién es el otro, hasta dónde es capaz de llegar.
– ¡Ya salió la puñalada! –se le amarga a Manuel su tono–. Estaba esperándola.”

En total, 8 horas para rehacer este diálogo.

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