La sorpresa más grande al escribir una novela te la da el tema. Uno lo elige casi inconscientemente, tiene una historia que le llama, más que otras, quizás es el tema que late en su interior. A medida que perfila la historia lo identifica, empieza a verlo cuando ha de tomar decisiones de hacia dónde va la novela, qué quiere contar. No es una decisión cerebral sino que empieza a surgir del interior. De repente descubres que quieres poner a prueba uno de tus temas recurrentes.
Y a medida que avanzas te das cuenta de que cada personaje tiene una visión diferente, coherente con su forma de ser, y que tú, como escritora, has observado esa variedad en la vida real, tienes un conflicto. Las decisiones o pensamientos de tus personajes son una continua sorpresa, pero son lógicos, y los confrontas. En Inspector Pool estoy aprendiendo que no siempre hay una mejor, todas pueden ser buenas o malas según cómo las utilices. En realidad, las directrices internas que mueven nuestra vida pueden empujarnos a crecer o frenarnos. Compararlas es una excelente manera de valorar si las propias te son buenas o te están impidiendo conseguir lo que de verdad deseas.
Pero qué placer descubrir tantas cosas de la vida escribiendo.
Junio 25th, 2009 at 2:24
Advierto cierta confusión entre Tema (Intentio), Argumento (Inventio) y control de los Personajes.