Ene 20

La sorpresa más grande al escribir una novela te la da el tema. Uno lo elige casi inconscientemente, tiene una historia que le llama, más que otras, quizás es el tema que late en su interior. A medida que perfila la historia lo identifica, empieza a verlo cuando ha de tomar decisiones de hacia dónde va la novela, qué quiere contar. No es una decisión cerebral sino que empieza a surgir del interior. De repente descubres que quieres poner a prueba uno de tus temas recurrentes.

Y a medida que avanzas te das cuenta de que cada personaje tiene una visión diferente, coherente con su forma de ser, y que tú, como escritora, has observado esa variedad en la vida real, tienes un conflicto. Las decisiones o pensamientos de tus personajes son una continua sorpresa, pero son lógicos, y los confrontas. En Inspector Pool estoy aprendiendo que no siempre hay una mejor, todas pueden ser buenas o malas según cómo las utilices. En realidad, las directrices internas que mueven nuestra vida pueden empujarnos a crecer o frenarnos. Compararlas  es una excelente manera de valorar si las propias te son buenas o te están impidiendo conseguir lo que de verdad deseas.

Pero qué placer descubrir tantas cosas de la vida escribiendo.

Feb 26

Esta es la preciosa visión sobre el tema de Ivan Klíma en “Amor y basura”:

“Mi padre me habló también del sufrimiento de los hombres, que desde tiempos inmemoriales estaban pegados al suelo, al que no podían ni sabían cómo abandonar. De manera que al menos soñaban que conseguían liberarse, y así fue como inventaron el jardín del Edén, en el que había todo lo que anhelaban y que no podían alcanzar en la vida, e imaginaron unas criaturas a su imagen y semejanza, aunque dotadas de alas. (…) Los ángeles no existen, pero la gente puede volar. El paraíso, donde se suponía que habitaban las almas de los hombres, no existía, pero algún día yo entendería que lo importante era que el hombre fuese feliz y que su vida fuese de provecho aquí, en la tierra.”

Feb 26

El tema de la novela es el conflicto individual e intransferible que cada uno de nosotros hemos de llevarnos a la tumba: ¿hasta qué punto hago “lo que tengo que hacer”? ¿quién dice “lo que tengo que hacer”? ¿a quién dejo que me lo diga y a quién no? ¿contra quién me reboto? ¿qué conservo para mí, intocable, a medida que crezco, y qué he cedido?

¿Dónde están mis sueños? ¿por qué los dejamos por el camino? ¿por qué nos creemos muchas cosas que no queremos creernos? ¿por qué nos cuesta tanto hacer lo que íntimamente deseamos? ¿por qué en cierto momento no deseamos nada importante para nosotros?

¿Por qué cuando eres joven apenas pagas un precio por las cosas? ¿por qué a medida que creces aumenta el precio? ¿por qué dejamos de hacer algo que deseamos intensamente por miedo a perder otras? ¿qué es lo que hace decidirnos inclinarnos por una de estas opciones: lo que quiero vs lo que debo? ¿por qué es tan difícil conciliar estos dos imperativos?